Endomorfo

ENDOMORFO

VISCEROTONIA — PREDOMINIO DEL ABDOMEN

Autor: Robert S. de Ropp

La endomorfia es aquel componente de la psique que da al cuerpo un contorno ovalado. El índice de una psique más alta en endomorfia (7-1-1) indica un cuerpo con un abdomen protuberante y un estómago muy desarrollado. La sección media (región de la cadera), es más ancha que el pecho, con un total desarrollo del vientre y el trasero, pero un desarrollo relativamente débil de los miembros.

La viscerotonía es aquella clase de temperamento que tiende a surgir en personas de psique predominantemente endomórfica. Se caracteriza por veinte rasgos. Tomados en lo general, los rasgos representan un temperamento en el que el amor al solaz físico, al comer, a los buenos modales, a la compañía y al dormir, son características prominentes. La viscerotonía dota a su poseedor con una blandura de cuerpo y de mente. La cara es suave y casi aniñada, los labios blandos y ansiosos por chupar y besar, todo el cuerpo está relajado, los movimientos son suaves y fáciles. Emocionalmente, el viscerotónico muestra lo que siente. Cuando tiene problemas, busca el consuelo de otros. Llora con facilidad y su llanto es incontrolable, como algo que surge desde el fondo del vientre. La viscerotonía facilita las relaciones personales, porque estos gorditos y blandos individuos, en lo general están siempre listos para dar consuelo a los demás, para abrazar al mundo, para animar, para solazar.

Quien descubra en su figura una gran porción de viscerotonía (ésta y los otros componentes los puede medir calificándose a sí mismo con las escalas dadas en el libro de Sheldon), encontrará inevitablemente ciertas “debilidades de la esencia”, las cuales son una expresión de su tipo, de la misma manera que lo es el contorno de su cuerpo. Para el viscerotónico, estas debilidades de la esencia incluyen las siguientes tendencias: una alimentación excesiva, excesiva relajación, excesiva complacencia, excesiva amabilidad. Un examen más detallado de estas tendencias revelará sus orígenes e indicará los pasos que deben darse para corregirlas.

Ingerir alimento en exceso. Como ama el comer, el altamente viscerotónico tiende a comer más de lo que necesita. Si es culto y bien educado, se siente fascinado por el arte culinario, es un conocedor de vinos y comida. Si es inculto, propende sólo a la glotonería. Desde el punto de vista de la Psicología Creativa, no hay nada malo en manifestar interés por la cocina. Las complejas combinaciones de aromas, sabores y texturas que en conjunto constituyen el gusto por la comida, es un buen tema de estudio. También se puede aprender mucho de una cuidadosa observación del proceso de la digestión, el conocimiento del cual nos puede enseñar muchas cosas acerca del trabajo interno de la máquina. Pero ingerir alimento en exceso es siempre dañino y puede ser, para algunas personas, absolutamente desastroso. Las personas de psique predominantemente endomórfica tienden a convertir sus nutrientes sobrantes en grasa. Por su persistente sobrealimentación, rápidamente se transforman en masas gelatinosas, tan pesadas que mucha de su energía se consume inútilmente tan sólo en mover el cuerpo físico de un lado a otro.

El ingerir alimento en exceso sobrecarga todos aquellos órganos del cuerpo cuya tarea es elaborar los alimentos. El hígado se sobrécarga y se hincha. Los riñones se esfuerzan demasiado al eliminar excesivas cantidades de productos de desecho. Grandes niveles de ácido úrico agravan la tendencia a la gota. Grandes niveles de colesterol en la sangre incrementan el peligro de la arteriosclerosis. Grandes cantidades de desechos semidigeridos en el intestino delgado favorecen la proliferación de organismos de putrefacción y conducen a la autointoxicación por la absorción de tales organismos. Hay también abundancia de pruebas que indican que la sobrealimentación acorta la duración de la vida tanto de los animales como del hombre. En general, los flacos en todas las especies sobreviven a los gordos.

Así que su amor por el comer representa un desafío para cualquier persona cuyo temperamento es alto en viscerotonía. Tales personas deben aprender a escuchar la voz del appestat e imponerse la tarea de obedecerla. El appestat es un mecanismo muy delicado de la base del cerebro que nos dice cuándo comer y, hasta cierto punto, qué comer. De las voces instintivas del cuerpo, ésta es una de las que más fácilmente se escuchan, pues habla en un lenguaje muy simple, de hambre y saciedad. De cualquier modo, en nuestra civilización en lo general es poslble la abundancia de comida y nuestras ideas acerca del comer están gobernadas en gran parte por el hábito. Ingerimos lo que vagamente llamamos “tres comidas diarias”, sin ninguna relación con el appestat, únicamente porque es lo que estamos acostumbrados a hacer. Pero tres comidas completas representan, en algunas circunstancias, demasiado, y en otras, insuficiente alimento. Hay días en que, debido a la acumulación de ciertas materias tóxicas, no debe ingerirse ningún alimento. Hay otros días en que, debido a algún esfuerzo extraordinario, deben ingerirse grandes cantidades de alimento, no sólo para reabastecer los depósitos de energía gastados, sino también para reponer la sustancia vital del cuerpo. Hay además ocasiones en que se requieren cantidades extraordinarias de elementos minerales, especialmente sal, y otras en que se pueden necesitar ciertas vitaminas, particularmente ácido ascórbico (vitamina C), la que el cuerpo no puede almacenar y requiere en grandes cantidades.

El appestat le habla acerca de todas estas necesidades a la mente consciente, si está lo suficientemente alerta para oír su voz. Todo lo que ingerimos y lo que escogemos para comer debe estar basado en lo que dice. Quienes están relacionados con su appestat no necesitan seguir las diversas dietas que las gentes se imponen a sí mismas con o sin prescripción médica. Estas dietas son ejemplos de la interferencia del cerebro intelectual en asuntos que no le conciernen. No hay una dieta perfecta. Las necesidades varían de día a día, de persona a persona. Sólo el appestat puede decirnos qué días ingerir mucha comida, cuándo debemos comer principalmente proteínas, cuándo tomar gran cantidad de sal, cuándo consumir frutas y vegetales, o cuándo no comer en absoluto.

La práctica del ayuno puede ser saludable si es impuesta por razanes fisiológicas en vez de penitenciales. El hombre es una criatura cuyos ancestros ayunaban con frecuencia, no porque lo quisieran, sino porque tenían que hacerlo. Un día afortunado de caza o de pesca daba a la tribu un festín, pero éste frecuentemente era seguido por días de hambre. Se deduce de los experimentos de Frederick Hoelzel que 30 o incluso 40 días de ayuno no dañan realmente el organismo y que el ayunar cada tercer día aumentó indudablemente la longevidad de las ratas con las que él y A. J. Carlson experimentaron. Pero la indicación de cuándo ayunar debe provenir del appestat, la muda voz que cada quien debe aprender a oír y a interpretar correctamente. Un ayuno inicial de uno o dos días, durante los cuales se tomen líquidos pero no alimento sólido, generalmente es suficiente para limpiar el sistema de su sobrecarga de toxinas, para vaciar el estómago y hacer aparecer del appestat una señal genuina de hambre, cuya virtud puede notarse y “escucharse” en lo sucesivo. Si el individuo viscerotónico escucha esta voz, come sólo cuando se lo indique y se rebúsa a comer en otras ocasiones, evitará la sobrecarga del estómago que ocurre con frecuencia en los de su temperamento. Los viscerotónicos frecuentemente están bien con dos comidas al día y pueden estar mejor aún con una. Su estómago tiene gran capacidad y digiere su contenido con eficiencia. A este respecto son lo opuesto de los cerebrotónicos, quienes necesitan comer poco y con frecuencia.

Relajación excesiva. Los vicerotónicos son gente relajada por naturaleza. Adoran arrellanarse en sillones bien acojinados, les gustan las camas suaves y les encanta dormir. Si se abandonan, su maquinaria es capaz de apretar el botón de freno, para dejar que los mecanismos vegetativos trofotrópicos intervengan. De hecho, en casos extremos, el viscerotónico tiendé a volverse puramente vegetativo, tendido en la tierra como una larva, digiriendo su comida con toda tranquilidad.

Esta facilidad para relajarse, para dormirse rápida y profundamente, puede ser envidiada por cerebrotónicos, que carecen de esta disposición. Sin embargo, llevada al exceso, la tendencia al relajamiento produce un ser tan torpe y tan débil muscularmente que sufre para hacer cualquier clase de esfuerzo. Los altamente viscerotónicos tienen, por esta razón, que aprender el secreto para presionar el botón de arranque, para poner su maquinaria en movimiento y activarla. Para lograrlo, deben saber cómo incrementar la elasticidad de sus músculos.

La elasticidad muscular es una medida del estado de alerta, de la disposición a la acción. No es lo mismo que la tensión muscular, aunque rápidamente se vuelve tensión bajo condiciones de stress. Los ejercicios musculares mostrados en el apéndice A (del texto original) son especialmente valiosos para aquellos de viscerotonía elevada porque obligan al mecanismo de arranque a funcionar. Involucran la emisión de impulsos nerviosos lo suficientemente poderosos como para vencer la torpeza. Los ejercicios de hatha yoga llamados uddiyana y nauli son especialmente importantes, ya que fortalecen los músculos del abdomen, evitando la protrusión del vientre a que son tan propensos los viscerotónicos. Los ejercicios del tipo isométrico son también de valor, ya que pueden usarse en cualquier tiempo y no implican posturas especiales.

Complacencia excesiva. “Hay una firme inclinación a la complacencia que se aproxima o alcanza hasta la afectación. El individuo es plácidamente complaciente consigo mismo, en sus relaciones con su mundo y con los asuntos externos de la vida. No ve apuro o urgencia en ninguna situación, aun cuando pueda parecer un asunto desesperado para otros.” Con estas palabras describe William Sheldon lo que él llama “rasgo V 14” de viscerotonía. De nuevo un cerobrotónico, que es típicamente carente de este rasgo, puede estar inclinado a señalar: “Qué admirable”. Hasta cierto punto, esto es admirable. Confiere al individuo una facultad para permanecer tranquilo y sosegado en una crisis, para evitar la ira, decisiones precipitadas, para evitar “perder la cabeza”. Pero lo que con moderación es una virtud, se vuelve vicio si llega al exceso. La complacencia del viscerotónico es igual en su efecto psicológico a su debilidad por hundirse en sillones acojinados. Le reduce a un estado de inmovilidad vegetativa. Su defensa contra eso está en recordar su propósito y el tiempo tan limitado que tiene para lograrlo. Esta reflexión tiende a desterrar la complacencia, así como las asanas (posturas del cuerpo en yoga), vigorosamente practicadas, desvanecen la pereza muscular. Es especialmente necesario para un viscerotónico recordar de tiempo en tiempo la inevitabilidad de su muerte. A los viscerotónicos no les agrada la idea de la muerte. “Por lo común, temen esa hora, mueren con gran protesta, como si fueran a ser arrancados de la vida prematuramente.” Por esta razón, el pensar en la muerte puede corregir la complacencia del viscerotónico.

Amabilidad generalizada. Aquí tenemos otro rasgo viscerotónico que con moderación constituye una virtud, pero que se vuelve un vicio si se lleva al exceso. En su forma extrema. esta particularidad evoca en quien la observa a un cachorrito que lame indiscriminadamente a todo aquél a quien se encuentra. Este rasgo tiende a nublar la conciencia y a debilitar el juicio. Esto produce una suave y excesivamente tolerante actitud, con la cual todas las distinciones resultan imposibles. Si no puede controlar esta tendencia, no puede llegar a ser un maestro efectivo, aunque con frecuencia sea extremadamente popular. Su aproximamiento es sentimental y “tierno” y tiende a alimentar las debilidades que sus discípulos más necesitan vencer. El error está no en la amabilidad sino en la falta de discriminación. Un viscerotónico que ha dominado esta debilidad puede ser muy severo cuando la ocasión lo demanda, como lo indica el tratamiento dado por Marpa a Milarepa. (Marpa, si las descripciones tradicionales son exactas, era un lama tibetano muy viscerotónico, y el severo trato que daba a su discípulo, Milarepa, como se relata en la biografía de este último, debe haber implicado un gran esfuerzo intencional de parte de Marpa: Teatro Externo de la más alta calidad.)

Resumiendo, la viscerotonía es una condición que tiende a generar un estado de inercia en el cual la función vegetativa de la digestión se vuelve el tema central de la existencia. Aquellos cen quienes predomina esta condición están sujetos a hundirse en un estado de torpeza y deben aprender por experiencia y experimentos cómo presionar el botón de arranque para reactivar su maquinaria interna.

Tomado del libro: The Master Game
Este texto es con el fin de divulgación exclusivamente y sin ningún afán de lucro.

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Una respuesta a Endomorfo

  1. culturismodigital dijo:

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