Mesomorfo

MESOMORFO

SOMATOTONIA — PREDOMINIO MUSCULAR

Autor: Robert S. de Ropp

La mesomorfia es aquel componente que da al cuerpo una fuerte, firme, erguida postura y un contorno relativamente triangular. Una psique alta en mesomorfia muestra unos hombros anchos sobrepuestos a caderas relativamente estrechas. Caracteres de mesomorfia extrema pueden observarse en héroes de revistas tales como “Supermán” y “El Pequeño Abner”. Todos los Tarzanes de la pantalla han sido altamente mesomórficos. Este es el tipo héroe, el “todo un hombre”.

Somatotonía es el término de Sheldon para la clase de temperamento que por lo común va con la psique predominantemente mesomórfica. Este es el temperamento de acción y su punto focal es la musculatura (lo opuesto a la viscerotonía, cuyo punto focal es el estómago). Los altamente somatotónicos son emprendedores y conquistadores. Conquistan montañas, selvas, otras razas, y últimamente han estado muy ocupados (como dicen ellos) conquistando el espacio. Les fascina la acción vigorosa, vencer obstáculos externos. Tienen poderes que individuos menos robustos podrían envidiar; tienen gran capacidad de resistencia física, requieren de poco sueño, son relativamente insensibles al dolor, al ruido, la distracción y los sentimientos de los demás.

Los siguientes obstáculos esenciales son comúnmente encarados por los tipos altos en somatotonía:

Separación mental horizontal. Este es un rasgo que aleja a ia gente de su propia vida interna. Aquellos en quienes está muy desarrollado se preocupan únicamente de lo externo. Están libres de dudas, no tienen, o tienen muy poca, conciencia de las voces de los otros componentes, débiles en ellos; siempre están preparados para la acción y sus decisiones son precipitadas. Si Hamlet hubiera sido predominantemente somatotónico, no habría ninguna de esas dolorosas dudas que dan a la obra su suspenso. “Ser o no ser, he ahí el dilema” es algo que difícilmente pensaría alguien alto! en somatotonía. Son tan faltos de conciencia interna que incluso pueden no darse cuenta del dolor interno, y enfermedades serias (úlceras, tumores, enfermedades del corazón) pueden avanzar en ellos hasta el punto de ser incurables aun antes de darse cuenta del mal.

Esta separación horizontal que aleja al somatotónico de niveles profundos de conciencia interna generalmente evita que sienta esa “hambre de conciencia” sin la cual el trabajo interno no puede ni siquiera empezar. Está tan identificado con las conquistas externas que no toma mucho interés en las internas. Si llega a desarrollar un Centro Magnético, se sumerge dentro del trabajo con el vigor que es característico de su tipo. Es propenso al repentino cambio de orientación que, en el lenguaje religioso, es llamado “conversión”. Una vez convertido se lanza (los somatotónicos se lanzan a fondo en todo, como los toros sobre el matador) dentro de su nueva actividad con enorme energía, a la manera de Pablo de Tarso, quien fue, nos imaginamos, claramente somatotónico.

En su atareada actividad’ los somatotónicos siempre están en peligro de perder de vista su propósito interno, el cual debe ser recordado una y otra vez por su maestro. Siempre tiende a poner energía en la acción, en los logros externos. Querrá construir templos, empezar cruzadas, hacer cosas. De las diversas formas de yoga le atraerá el karma yoga, por su empeño en la acción, y el hatha yoga, por su empeño en la disciplina física. Con su atlético cuerpo dominará fácilmente todas las asanas que parecerán casi imposibles para el gordito viscerotónico o el tenso cerebrotónico. Pero descuidará los ejercicios internos, que son la verdadera esencia del yoga, por concentrarse en los gimnásticos, que son más o menos incidentales.

Insensibilidad. La misma insensibilidad que aleja al somatotónico de los niveles profundos dentro de sí mismo, lo hace también insensible a las necesidades espirituales de los demás. Es característico que marche por la vida con botas equipadas con tacos y que pise a los demás con indiferencia o aun con placer. Su falta de perspicacia, agregada a su natural intolerancia, lo induce, si se vuelve legislador (y los somatotónicos a menudo se vuelven legisladores porque les atrae la rudeza de los políticos), a aprobar leyes que prohíben el uso de sustancias que afectan los niveles de conciencia. No sólo no siente urgencia de explorar sus propias profundidades sino que, temiendo él esta clase de experiencia, hace lo posible por evitar que otros lo realicen. Las horrendas penas dispuestas para los poseedores de esa inocente yerba, la Cannabis sativa (de la cual se extrae el hachís), han sido ideadas por legisladores somatotónicos y son impuestas por “cobradores de impuestos” también somatotónicos.

Esa misma insensibilidad evita que el somatotónico comprenda, en un grupo, las finas interacciones entre sus miembros. Rodeado por el manto de su embotamiento, tiende a “olvidar lo principal” y muchas veces sólo comprende, metafóricamente hablando, si le golpean la cabeza. A causa de su embotamiento, las personas altas en somatotonía que llegan a ser maestros, con frecuencia son muy violentos en sus métodos. Como ellos nunca comprenden nada a menos que se les golpee en la cabeza, presumen que ese tratamiento beneficiará a los demás. Desafortunadamente, eso de ningún modo es cierto. El rudo manejo que opera maravillosamente en los somatotónicos puede perjudicar mucho a los sensibles cerebrotónicos. Uno no puede evitar sospechar que algunos de los rígidos maestros de zen se apartaron del camino debido a su somatotonía. Lo mismo que muchos “guías espirituales” cristianos.

Obediencia ciega. “Los somatotónicos tienden a perder la visión introspectiva. Son como balas de pistola que quieren ser disparadas. Por eso los exorcistas listos de todos los tiempos han vivido bien explotando el componente somatotónico de amor-a-la-acción de sus contemporáneos.”

Así que cuando el somatotónico se convence de que ha encontrado a su maestro, es capaz de seguirlo ciegamente, creer todo lo que le dice, realizar, sin discernimiento, cualquier tarea que se le encomiende, sin importarle cuán ridícula pueda ser. Todos los mesías charlatanes, todos los fundadores de cultos, reúnen seguidores somatotónicos ansiosos de cumplir sus órdenes, particularmente si implican riesgo o algún elemento de violencia. Fue la somatotonía colectiva del pueblo alemán lo que le hizo caer tan rápidamente en la doctrina de Adolfo Hitler, y la violencia, crueldad y rudeza general del movimiento nazi expresaron esa somatotonía en acción. La misma violencia y brutalidad caracteriza a] “marxista dedicado”.

Su ingenuidad, su ansia de cumplir órdenes, de ser dirigidos en vez de confiar en su propio juicio, siempre expone a los samatotónicos a caer con falsos profetas y en caminos errados. Esta es una debilidad esencial extremadamente difícil de corregir. Si un hombre no tiene discernimiento interno, ¿cómo se le puede dar? Más aún, la confortable convicción de su propia justicia y de la justicia del credo en el cual tiene fe, aunada a su insensibilidad y su pasión por la acción, hacen del somatotónico un típico legionario. No sólo se adhiere con fanática intensidad a sus creencias, sino que tiende a zambullírselas por la fuerza a los demás. De buen grado soportará grandes penalidades y afrontará graves peligros para “convertir a los paganos”, como él los llama. Pero si ocurre que el “pagano” no sabe apreciar sus propias normas religiosas, entonces no vacilará en acelerar su conversión mediante el fuego y la espada.’La mayoría de los grandes perseguidores y conquistadores de la historia han sido individuos altos en somatotonía.

Su autorrectitud, su arrojo y su amor a la acción, pueden también inducir al somatotónico a la ilusión de que él mismo es un profeta, un vidente, un mesías. Esto sucede cuando, debido a algún rompimiento en la barrera interna que normalmente impone lo que Sheldon llama “separación mental horizontal”, voces provenientes del subconsciente alcanzan el nivel consciente y son interpretadas en calidad de mensajes o mandamientos divinos. Cuando tales mensajes o mandamientos alcanzan a individuos cerebrotónicos, que son mucho más conscientes de su mundo interno, son inhibidos, cuando hay que llevarlos a la práctica, por miles de dudas y conflictos que son el rasgo principal de ese tipo. El somatotónico no tiene esas dudas. Se sumerge y sigue su “voz interna” con sincera intensidad, y aun cuando su mensaje pueda parecer sin sentido a oyentes inteligentes, lo hace con tal vigor y convicción que rara vez le faltan seguidores. Los más peligrosos falsos profetas cuyas enseñanzas políticas y religiosas han llevado la miseria y la muerte a millones de personas, han pertenecido generalmente a esta categoría de “somatotónicos dirigidos por la voz interna”.

Deseo de dominar. Así como en un nivel de su desarrollo el somatotónico tiene debilidad por la obediencia ciega, en otro nivel tiene el deseo ardiente de dominar. Este deseo es una condición cuya evaluación es muy difícil. Es una debilidad esencial sólo comparable al egoísmo. Esta da a su poseedor el poder de guiar, el poder de tomar responsabilidades; sin embargo, al mismo tiempo, constantemente amenaza con destruirle, con cambiar todos los frutos de su trabajo interno en cenizas, al hacerle caer víctima de ilusiones de grandeza, al atraparlo en su propio ego en el preciso momento en que debiera trascender a éste.

Los maestros altos en samatotonía están siempre en peligro de resbalar cuando han alcanzado niveles superiores, cuando han adquirido grandes poderes y cuando ejercen gran influencia. Siempre están en peligro de entrar en “el Sendero de la Mano Izquierda” y frecuentemente lo hacen, cometiendo muchos errores en el proceso y originando desastrosas normas de conducta para sí mismos. De todos los obstáculos esenciales que afrontan los somatotónicos, el Deseo de Poder es el más sutil, es una espada de dos filos que puede usar para abatir a sus enemigos internos o para cortar su línea de vida espiritual.

De hecho, se puede decir de los somatotónicos que la mayoría de sus debilidades esenciales son ejemplos de virtudes que se vuelven vicios cuando se llevan al exceso. Mientras más ricamente dotado está un hombre del segundo componente (somatotonía), más fuerza física tiene a su disposición. Puede ir más lejos, trepar más alto, estar bien durmiendo poco y comiendo poco, soportar más dolor que sus camaradas viscerotónicos o cerebrotónicos. Pero los peligros que afronta son proporcionales a su poder. A su carreta están uncidos briosos y violentos corceles y su precipitado curso a menudo demanda más habilidad de la que tiene el cochero. Para tales personas, mucho depende de que encuentren un maestro lo suficientemente poderoso para conducir estas energías por el camino adecuado.

Resumiendo, la persona alta en somatotonía debe prevenirse contra su Deseo de Poder que le conduce, en cualquier situación, a intentar dominar, a jugar el papel de guía (“A quien pretenda ser grande, dejadle. ser sirviente entre vosotros”, es un precepto dirigido específicamente al somatotónico hambriento-de-poder). Por otro lado, debe prevenirse contra la tendencia de realizar ciegamente todo lo que su maestro le diga que haga. Su tendencia, contraria a la del viscerotónico, es lanzarse en todas direcciones y gastar sus energías en excesiva actividad. Tiene que ejercitarse para permanecer calmo, relajado, para contemplar, para escuchar. Tiende, por su pasión por la acción física, a identificar el yo con el cuerpo físico, a estar demasiado atado al cuerpo y, conforme envejece, a gastar mucha energía emacional lamentándose por su pasada juventud. La lucha del altamente somatotónico contra el proceso de la vejez es con frecuencia un fenómeno patético.

“Los somatotónicos tienden a entrar en la más trágica de las inquietudes humanas, la búsqueda de la juventud perdida. Uno de los indicadores cardinales de somatotonía es el horror a hacerse viejo. Muchas de tales personas pasan de un deporte a otro, sólo para al final establecerse lastimosamente en el tenis, como tardías mariposas de otoño volando sobre manzanas caídas.” Así como el viscerotónico teme a la muerte, el somatotónico teme perder la juventud. Aceptar la inevitable declinación de su poder físico es una prueba para él muy ardua.

Tomado del libro: The Master Game
Este texto es con el fin de divulgación exclusivamente y sin ningún afán de lucro.

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Una respuesta a Mesomorfo

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